Por los pueblos marineros de la Costa Blanca

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Costa Blanca

Por los pueblos marineros de la Costa Blanca

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Las costas alicantinas recrean la simbiosis perfecta entre historia y turismo de playa. La costa alicantina desde Denia hasta el Pilar de Horadada se ha convertido en los últimos años en un gran reclamo turístico. Bautizada la zona como la Costa Blanca, sus playas, calas y acantilados hacen las delicias de todos sus visitantes.

Denia Al norte de la provincia se halla Denia. Su origen se remonta a la época romana, cuando la urbe fue dedicada a la diosa Diana. El propio Ayuntamiento conserva en su fachada dos lápidas procedentes del antiguo templo romano. Desde entonces vivió tiempos de esplendor gracias a su puerto y hoy continúa envolviendo al viajero en estrechas y sugerentes calles de ambiente marinero. Son típicas sus viviendas de una planta, blancas y con teja roja, con el porche tradicional de la comarca conocido como riu-rau. El pasado musulmán lo evidencia su castillo, así como la celebración anual de la fiesta de Moros y Cristianos, común en la región. Otra fiesta estival es la de Bous a la mar (toros al mar), declarada de Interés Turístico Nacional. Es interesante ver la iglesia de la Asunción con retablos renacentistas y barrocos, así como el popular barrio de los pescadores, que recoge uno de los mejores ambientes de la ciudad. Su entorno natural lo conforman grandes playas de arena fina al norte y un paisaje rocoso y escarpado al sur, así como el parque natural del Montgó.

Jávea

Igualmente ideal para disfrutar del sol y los deportes acuáticos, Jávea se instala entre los cabos de San Antonio y de la Nao. Más allá de sus transparentes aguas, su casco antiguo tiene mucho que ofrecer, a dos kilómetros de la costa en una llanura a los pies del macizo del Montgó. En su día la ciudad creció en torno a la iglesia fortaleza de San Bartolomé, centro neurálgico de la villa. Este monumento del gótico isabelino protegía al pueblo de los asaltos de los piratas. Para conocer más de esta fascinante historia, está el Museo Arqueológico y Etnográfico. No hay que olvidar los bellos ejemplos de arquitectura local, que se aprecian en las rejas de las casas o los dinteles de piedra tosca, ni pasar por la zona portuaria para acercarse a la iglesia de Nuestra Señora de Loreto, que emula la forma de la quilla de una embarcación.

Altea

También protegida por las montañas se encuentra Altea, con su bella imagen de casitas blancas coronadas por la cúpula azul de la iglesia dedicada a la Virgen del Consuelo. No en vano desde la plaza en lo alto del pueblo se obtienen panorámicas extraordinarias de toda la comarca. Desde aquí se procede a un vertiginoso descenso por callejuelas empedradas adornadas con miradores y glorietas. En este casco urbano destacan los estudios de artistas, las tiendas de artesanía y las terrazas. Ya en la zona baja se encuentra la calle comercial, el barrio de los pescadores y el puerto, aún hoy con una intensa actividad pesquera. Y por supuesto sus seis kilómetros de playa bordeada por el paseo marítimo, que redondean una propuesta mágica y apacible.